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domingo, 26 de febrero de 2012

la vida


Creo que he salvado una vida, lo digo en serio.

Y lo cuento no por condecorarme con nada sino porque no es usual que uno salve la vida de alguien cada día, y estoy un tanto impactada.

Bien, yo hoy cambié un poco mi rutina y en lugar de ir a la playa de siempre fui a otra. De regreso a mi lugar habitual pasé por un caminillo paralelo a la vía del tren. Es un camino podríamos decir hecho a fuerza de pasar pero no urbanizado ni tan solo adecuado para el paso, ya que se encuentra por encima de una pequeña cala.

Al iniciar ese senderillo, la única persona que había, un tipo con su bicicleta me dijo:” lo van a matar… alguien debería llamar a la policía”. Yo no entendí nada hasta que al mirar a lo lejos vi una figura masculina caminando por encima del rail del tren. Iba en la misma dirección en que habría de ir  el tren que pasa por esa vía, por tanto no podía ver su llegada.

Yo observé unos instantes y me di cuenta de que el sujeto en cuestión no estaba simplemente cruzando, sino caminando bamboleante. Saqué el móvil y marque 112, el teléfono de emergencias. Dije : “una urgencia en Vilanova i la Geltrú , camina un chico por via del tren…si no vienen ya lo matará el tren, hace rato que no ha pasado ninguno, por favor, urgente (di situación).

A todo esto la persona se había acercado suficientemente a mi posición como para ver lo joven que era, apenas los 20 años, y darme cuenta de que estaba en inminente peligro porque no tenía consciencia de el,parecía bajo los efectos de algún alucinógeno, no sé, la mirada perdida.

Justo al llegar a mi altura, nos separaba el bajo muro que separaba la vía del tren del camino y la vía contraria, le dije con un tono alto de voz : “hola”, me miro sobresaltado y asustado de mí se giró y trepó por el poste tipo escalera que hay a lo largo de las vías del tren, saltando al otro lado del muro. Se alejó caminando.

Yo seguía con el teléfono y la comunicación con el 112 abierta. Pasó el tren.

lunes, 20 de febrero de 2012

el té de las cinco


La tarde era hermosa, la luz y la temperatura primaverales. Comenzamos a caminar.

La sencillez del entorno y la sencillez de ellos me gustaba.

Si uno paraba a mirar una piedra o una pequeña flor, los ojos de los demás, atentos se detenían también. 

La conversación tranquila, de nada concreto, incluso escasa, pero amable y amistosa.

Ahora un almendro en flor que nos hace parar y tomar fotos, ahora una vista al mar que nos extasía, a todos. Y después, ya de regreso, la visita a nuestro pequeño cementerio, cementerio para dos. Un conjunto de losas dispuestas sobre la tierra del bosquecillo y algunas pequeñas ofrendas: una concha, un palito de higuera.

Plantamos unas flores amarillas justo entre las dos, y después de unos instantes nos acomodamos en la pinaza y compartimos un delicioso té con galletas, que tomamos mientras hablamos de ellas, mientras las extrañamos y recordamos lo excepcional de esos pequeños seres, un día de febrero a las cinco de la tarde.   

 


















domingo, 12 de febrero de 2012

la ventanita


Vemos a la gente en la calle, en la cola de la caja del supermercado, en un semáforo, donde sea ...y a veces, a menudo hacemos juicios inconscientes determinados por el aspecto externo, la expresión de la cara, un gesto concreto.

Cuando, por casualidad, de una de esas personas anónimas con la que te cruzas, tienes la oportunidad de ver el  interior, cuando te abren la ventanita del corazón, un nuevo mundo insospechado emerge ante ti dejándote en ocasiones helado .

Cómo imaginar que esa madura mujer de cara agradable llevaba sobre sus espaldas toda esa carga, cómo saber cuanto dolor ha sido capaz de soportar y aún sigue soportando. Qué poco valor tenía apenas hace una horas esa persona para nosotros. Qué gran valor tiene ahora que conocemos su interior.

Realmente hay vidas intensas, densas, duras, pero lo que me impacta de verdad, no es la dureza en sí de esas vidas sinó cómo esas sencillas personas con las que me cruzo en el supermercado, en la calle e incluso en mi propia escalera, son capaces de hacerle frente al tiempo que te regalan una amable sonrisa  cuando se cruzan contigo.


lunes, 6 de febrero de 2012

PASADO


Extraños días de un otoño extraño

Títere de  obligado destino que tu eliges  

Impronunciables episodios que escapan de mi centro de control

Curiosidad de gato que acaba matando    

sábado, 4 de febrero de 2012

LA HABITACIÓN DE ALQUILER

No sé muy bien porqué pero esa mujer me impactó . La conocí porque me alquiló una  habitacion de su casa durante dos semanas. Sólo nos vimos  tres veces, la primera por espacio de una hora y media, las otras ocasiones fueron mucho más breves, dos mañanas en las que yo me estaba yendo de la casa y  ella se acababa de levantar y desayunaba.
D. era menuda, morena, y su cara era agradable. Le gustaba hablar y de hecho creo que durante esas tres ocasiones me relató buena parte de su vida. Yo la escuché. Su vida no me parecía alegre, trabajaba en turnos de 12 horas en una residencia de ancianos, pagaba una hipoteca enorme que acabaría a sus setenta años. D. se divorció muy joven a petición de su marido que se lió con una compañera de trabajo, y según me contó no se habia vuelto a enamorar. Añadió que a ella la habían educado para estar con un sólo hombre toda la vida y decía que ahora a su edad ya era difícil conocer a alguien. Ella tenía un año menos que yo, y yo pensaba justamente lo contrario, así que sus palabras aún me impactaban más.
De ese matrimonio tenía dos hijos de los que hablaba con muchísimo cariño y orgullo. Vivían lejos.
Me relató, en la primera ocasión que nos vimos, los primeros años tras su  separación, el maltrato de su marido  cuando ella averiguó que tenía otra mujer. Hasta esa fecha él siempre la trató bien aunque insistía en la separación, pero ella siempre  contestaba: “pero cómo nos vamos a separar con lo bien que estamos!”. Él insistia:” una separación de a bien, mujer!”. Ahí me permití una pregunta: “pero D. tu no veías nada, no intuías nada?”
"No", fué su respuesta, él me traía flores y me regalaba cosas, todo el mundo lo sabía en el pueblo menos yo. A mí esto siempre me pareció un tópico pero tal como ella lo contó lo crei, no tuve ninguna duda de que ella no sabia nada.
Avanzando en su relato comprendí que el enojo del marido cuando ella declaró conocer la existencia de otra mujer era por la casa, propiedad de ambos pero procedente de la familia de él, a la que seguramente el no quería renunciar, y admitir la nueva relación podría comprometer los derechos sobre su patrimonio. De ahí la rabia y el consiguiente mal trato.
De vez en cuando D. decía: “que triste es la vida “, y tal cómo lo decía a mi me desanimaba enormemente.
Me contó también que tenía hermanas que la habían ayudado en momentos de muchos apuros, incluso que vivió con una de ellas durante un tiempo  que llegó a su fin cuando la hermana le dijo que allí no podía estar para siempre.
Ella luchaba para conseguir algo suyo y no ir de casa en casa como, parece ser,  tuvo que hacer  durante muchos años.
En un momento dado su nómina ni siquiera mileurista, se vió duplicada gracias a que doblaba su turno para hacer el turno de un compañero que estaba de baja y ahí por fin, presentándola al banco consiguió una hipoteca. Tenía ahora un  techo que le pertenecia, al menos en apariencia, incluso podía alquilar una pequeña habitación con lo que tenía una ayuda para pagar los recibos.
Mi relación con ella estaba tocando a su fin, ya que yo no necesitaría más la habitación ( alquilada por incompatibilidad con horarios de transporte y trabajo) y aunque me alegraba mucho esto , me venía repetidas veces la imagen de esta mujer a la cabeza, su  cara aniñada y la triste alegría con la que trataba de contar las cosas, la imagen de ella desayunando cereales con leche, enfundada en su pijama  polar de color rosa, sus turnos salvajes en la residencia, sus penas y su triste juventud. Pero con especial detalle recuerdo la mañana que me contó que los lunes por la noche hacia bailes populares en un centro cultural. Repetía a cada instante :” Es muy bonito, de verdad “, y lo decía en un tono especial como si me quisiera convencer, aunque yo ya era una convencida a ese respecto, pero incluso así había una cierta decadencia, tristeza , no sé,  todo me llegaba impregnado de un desánimo que ya no sabía si era suyo o era mio, pero ella seguía explicando. De repente se levantó y tal como estaba, enfundada en su pijama rosa, dejó los cereales y se puso en pose de baile haciendo como si tuviera un acompañante cogido por la mano. Elevó su brazo, lo estiró delante de ella, dejó la mano colgando en el aire con estilo, tratando de enseñarme como se debian coger hombre y mujer para bailar. “Es muy bonito, de verdad!, porque el baile es una formación también” (palabras de su profesor, sin duda)”... y tiene que haber comunicación con la pareja, cómo si hubiese diálogo” (esto tampoco parecian conclusiones suyas) .Y en ese momento al elevar su brazo y estirar su bonito cuello haciendo como que miraba a un compañero imaginario a los ojos, vi  la belleza de esa pequeña mujer, y pensé que sin duda merecía una bonita vida y un nuevo amor, y así interiormente se lo deseé.