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lunes, 9 de febrero de 2015

a ganchillo



Hacía un tiempito que los tenía. Eran de ganchillo, amarillos y de ribete verde. Colgaban de un ganchito en mi cocina. Los quería. Hechos por ella. Graciosos me evitaban quemarme cuando sacaba algo del horno.

Hoy al girarme para secarme las manos los vi. Los cogí, los toqué, más bien los  acaricié  y  lloré.

lunes, 13 de enero de 2014

PERPLEJIDAD


Unos  cuantos retazos en mi cabeza. Escenas tomadas de aquí y de allá que me hacen pensar, sentir que la cosa no va.

En el metro de Barcelona, dentro del convoy, el niño sentado junto a su papá no deja de dar pataditas al asiento. El padre parece cansado, ausente. El niño aporrea con sus piernecitas de cinco años la parte baja del asiento y produce un ruido ensordecedor. Todo el mundo lo oye, las miradas asoman por encima de las pantallas de blackberrys y móviles y acusan. Nadie dice nada. El padre ausente.


Sábado tarde. Al tomar una esquina me cruzo con una familia de cuatro miembros. Padres y dos pequeños. Parece que irán de compras, estamos en  rebajas. Apenas unos  segundos de contacto visual y auditivo. La madre dice al hijo: “Tu pórtate bien y esta noche tendrás hamburguesa”

“Pero… de MacDonals?”

Sí, claro!

Bien!!!!

Esa será la recompensa al “buen comportamiento” del nene.


En la residencia de ancianos a la que acudo diariamente para ver a María, la auxiliar riñe a los usuarios por la falta de memoria. Se queja una y otra vez de sus repetidas preguntas, de sus desconfianzas y exigencias.

Ante la situación que la desborda ella va repitiendo para sí: “yo si que no entiendo nada, yo si que no entiendo nada  “. Yo sigo dándole la merienda a mi María y preguntándome si es que a la auxiliar no le han informado de que su trabajo consistía precisamente en cuidar de gente con alzheimer, desmemoriados, dependientes, frágiles.


Días después de Reyes las estadísticas. De los regalos que  la gente recibe un tanto por ciento son devueltos, otro tanto por ciento tirados, otro tanto por ciento revendidos en eBay. Los regalos ya no satisfacen y lo sabemos. Los seguimos haciendo y así aumentamos un poco más nuestro porcentaje de insatisfacción. 





jueves, 28 de noviembre de 2013

miradas


Al doblar la esquina lo primero que veías era un banco.

Un banco de sentarse, de esperar. En este caso un banco de esperar a que abriese la rectoría.

Hacía tiempo que pasaba por allí camino a mi trabajo. Un trabajo de a horas, muy pocas pero necesarias para saberme contribuidora a la economía de casa.

Y al tomar la esquina lo primero que vi ese día fueron sus ojos claros. Sentada en el banco junto a otros con sus carritos, esperando.

El encuentro visual fue inmediato y me acerqué a darle un par de besos. Y al dárselos sus palabras:” mira donde he venido a caer …”.

Le dije que llegaba tarde a mi trabajo lo cual era cierto y me respondió que tenía suerte de tenerlo. “Bueno, sólo una hora y media hoy” fue mi respuesta.

Seguí rápida por mi camino pero un tanto confundida, removida, mal.

Por qué alguien debe sentirse tan mal cuando sus ojos claros (los de ella) tropiezan con una mirada conocida?

“Venir a caer” se repite en mi cabeza desde hace unas horas de manera reiterativa, y mientras tanto los ministros, 28 creo, se reúnen.

Otra pregunta: para qué?

miércoles, 20 de noviembre de 2013

una mañana de otoño


Éramos pocos, sólo unos cuantos. El tiempo había sido lluvioso los últimos días y claro, la gente se acobarda.

Comenzamos nuestros ejercicios frente al mar.

Un mar y un cielo difíciles de definir en los que se apreciaban mil gamas de colores entre el verde esmeralda y el gris plateado.

Las olas rugientes parecían aludes de nieve avanzando hacia la playa,  y sobre ellas de negro neopreno unos cuantos jóvenes intrépidos sobre sus tablas de surf danzaban para nosotros.

Dos escenarios distintos, uno frente al otro, homenajeando a una naturaleza que ese día refulgía de manera especial.

viernes, 18 de octubre de 2013

imágenes


Volar, dar un salto y volar. Un vuelo de tan sólo 4 segundos suficiente para salir de tu claustro, de tu prisión.

Imagino tu paso lento al subir la escalera. Tu concentración puesta en cada nuevo escalón cada vez más cerca de tu libertad.

Siento tu miedo, tu pena impregnándose en las paredes de la comunidad, en la barandilla de madera, para siempre.

Y una vez arriba siento la noche clara, húmeda, la luna.

Imagino dolor, amor, temor, mil cigarrillos ardiendo en tus dedos  y después un valiente salto hacia, por fin, tu felicidad.

miércoles, 17 de julio de 2013

sola



Ocho de la mañana. Verano
Nadie en la playa aún, sólo algún madrugador paseante.
Estiro mi espalda, mis brazos.
Respiro.
Luego el baño. Sola.
Dibujo círculos en el agua con fuerza de turbina.
Increíbles los dibujos del agua al saltar.
Increíble la belleza de la hora sola.

lunes, 29 de abril de 2013

María



Ella estaba en una salita junto con muchos otros. Dispuestos en un cuasi doble círculo, unos delante, otros más atrás. Casi todos en sillas de ruedas, sólo unos pocos sentados en butacas.
Yo la iba a buscar a ella para pasar juntas una hora, para sacarla de la triste apatía de la residencia ni que fuese por una hora.
La salita tenía (tiene) como elemento principal y en torno al cual gira la disposición de los usuarios una gran tele. El volumen alto, la tele también.
Ellos miran casi todo el tiempo hacia abajo, hacia sus manos apoyadas en sus rodillas. Muchos de ellos dormitan o están ausentes. Y mientras yo la encuentro a ella y  trato de sacarla  de entre tanta silla hacia el pasillo, la voz ensordecedora de una mujer que ha perdido su piso. Vocifera y grita llorando por ella, por sus hijos, por la vida que le espera. Yo no soporto ese griterío emitido por una de esas cadenas sensacionalistas y oportunistas. Miro las caras de todos, nadie mira, nadie lo ve.
Y me pregunto quién es el genio que dispone colocar una super tele en las alturas para usuarios que no pueden mover ya sus cervicales. Y me pregunto también si no habrán programas de naturaleza donde ver alguna gacela corriendo o el vuelo de un águila en el cielo azul para, así,  ni que sea por un instante  aportar una chispa de vida a esta gente que ya tiene tan poquita.
No, a nadie se le ocurre. En  lugar de eso un griterío terrible saliendo del aparato y ellos ajenos a todo mirando como alternativa al vacío.