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miércoles, 17 de julio de 2013

sola



Ocho de la mañana. Verano
Nadie en la playa aún, sólo algún madrugador paseante.
Estiro mi espalda, mis brazos.
Respiro.
Luego el baño. Sola.
Dibujo círculos en el agua con fuerza de turbina.
Increíbles los dibujos del agua al saltar.
Increíble la belleza de la hora sola.

lunes, 29 de abril de 2013

María



Ella estaba en una salita junto con muchos otros. Dispuestos en un cuasi doble círculo, unos delante, otros más atrás. Casi todos en sillas de ruedas, sólo unos pocos sentados en butacas.
Yo la iba a buscar a ella para pasar juntas una hora, para sacarla de la triste apatía de la residencia ni que fuese por una hora.
La salita tenía (tiene) como elemento principal y en torno al cual gira la disposición de los usuarios una gran tele. El volumen alto, la tele también.
Ellos miran casi todo el tiempo hacia abajo, hacia sus manos apoyadas en sus rodillas. Muchos de ellos dormitan o están ausentes. Y mientras yo la encuentro a ella y  trato de sacarla  de entre tanta silla hacia el pasillo, la voz ensordecedora de una mujer que ha perdido su piso. Vocifera y grita llorando por ella, por sus hijos, por la vida que le espera. Yo no soporto ese griterío emitido por una de esas cadenas sensacionalistas y oportunistas. Miro las caras de todos, nadie mira, nadie lo ve.
Y me pregunto quién es el genio que dispone colocar una super tele en las alturas para usuarios que no pueden mover ya sus cervicales. Y me pregunto también si no habrán programas de naturaleza donde ver alguna gacela corriendo o el vuelo de un águila en el cielo azul para, así,  ni que sea por un instante  aportar una chispa de vida a esta gente que ya tiene tan poquita.
No, a nadie se le ocurre. En  lugar de eso un griterío terrible saliendo del aparato y ellos ajenos a todo mirando como alternativa al vacío.

domingo, 3 de marzo de 2013

pobre diablo



Aún no me encontraba bien después de cinco días de gripe pero necesitaba salir. Necesitaba campo, verde, aire, movimiento.
Creí que caminaría durante una hora al menos pero en cuanto me adentré en el camino elegí un atajo que iba a parar a una gran explanada tranquila, limpia, solitaria donde me senté a escuchar los pájaros y los leves movimientos de los árboles.
Esa quietud me hacía sentir bien. Me relajaba. Decidí que para disfrutar más aún de ese estado sería mejor estirarme. Lo hice.
Con los ojos cerrados oía las enigmáticas conversaciones de los pájaros que  eran de lo más alegre a aquella hora supongo porque la luz así lo propiciaba. Después oí un crujido de plástico. Traté de ubicar el sonido. No pude. Abrí los ojos.
Tenía a dos metros a un tipo con una bolsa de plástico que transparentaba una botella de vino. La bolsa era amarilla. Él iba de azul y tenía un ojo morado. Sin duda alguien le dio un cate .
Y al incorporarme me preguntó si por allí se podía ir al Prat de Vilanova.
Yo incorporada sólo a medias le dije que a unos 5 metros había una finca donde el señor le indicaría. Le señalé la dirección y le animé a que le fuese a preguntar. Evidentemente lo único que quería era que se largase. Se largó pero la magia había desaparecido del lugar imponiéndose ahora la amenaza de su regreso.
Efectivamente: en tan sólo dos minutos estaba de vuelta a decirme que el señor le había dicho que al Prat de Vilanova se iba por otro camino, uno que estaba detrás de mí.
Yo al verlo venir, claro ya me había levantado y emprendido la marcha.
Acaso tenía yo cara de punto de información turística en medio de la nada, tumbada bajo mi gorra de pana? Pues debía ser que sí.
En fin que el tipo acabó largándose y yo también, y mientras lo hacía pensaba en que no había ningún señor que le hubiese podido informar de nada. Que para qué demonios querría ir al Prat de Vilanova ese tipo y pensé también en  la cantidad de gente que hay en este mundo desorientada, perdida. Como  ese pobre diablo. Como yo  a veces. Como yo hoy mismo.

sábado, 23 de junio de 2012

Cosas que pasan

Tengo una buenísima memoria para las caras. Sabía que lo conocía incluso antes de ver que en una de sus manos llevaba una harmónica. Efectivamente era el mismo de aquel día de invierno.


Yo me dirigía a la ciudad, a un examen. Iba en un tren.

Y comenzó el espectáculo: una pequeña reverencia a modo de presentación, una mellada sonrisa y unos soplidos que atravesando el pequeño instrumento producían un ruido casi insoportable. Todo esto se aderezaba con unos segundos de tregua al instrumento que se llenaban con unos saltitos sonoros a modo de claqué. Yo imagino que sería para o bien aprovechar y respirar o bien para convencer más al público del tren poniendo coreografía a su ruido.

Yo preparé el euro. Como la vez anterior .Se diría que ya era una “fan”, pero no.

Tal vez me impactaba tanto lo mal que lo hacía, la seguridad de que ese hombre no conocía una sola nota . O tal vez era la sonrisa mellada de apertura que me dirigió mientras nos miramos a los ojos.

El caso es que se lo dí. Y como agradecimiento otra  sonrisa , esta vez aún más amplia y más mellada, que me hizo sonreír a mí también.

domingo, 20 de mayo de 2012

LA CORTEZA











La corteza que cubría el profundo dolor,

impedía que se resquebrajase para formar alguna fisura.

Aún así, a través de su muralla llegaban los silencios

del ruido exterior .


Y Repetía una y otra vez la misma oración :

Dejaron de oirle y creyó que eran sordos.

Dejaron de agarrarle y creyó que eran mancos.

Dejaron de verle y creyó que eran ciegos.

Dejaron de acercarse y creyó que eran cojos.

Dejaron de hablarle y creyó que eran mudos.

lunes, 14 de mayo de 2012

DEL MIEDO Y SU PODER.












El miedo nos hace vulnerables. Irrumpe en nuestras vidas luciendo diferentes disfraces:
  • La amenaza de enfermar.
  • La amenaza de perder a quien queremos.
  • La amenaza de perder el trabajo.
  • Perder, perder, perder.....
El miedo atenaza y se adueña de las voluntades. Nos hace tropezar y perder el equilibrio de la confianza, se pierden los objetivos ante la inseguridad que se instala, de forma que una barrera invisible nos cerca y crece como una mala hierba para detener cualquier actitud incauta que pueda saltar el muro del miedo.

El miedo priva la libertad , somete y hace someter.

Se mata por miedo, Se mata de miedo, se muere ,de miedo, se ensordece por miedo y se dejan de oir los millones de latidos en pro de la libertad,
Se otorga la injusticia por miedo. Se atrapa a las personas justas, por miedo a su fuerza.

Cuántas veces surge una extraña solidaridad, que crece y crece, se extiende y se expande como cofradías colectivas del miedo y surgen las dictaduras.

Tener miedo, no es ser cobarde, ser valiente y sentir miedo es posible. No se siente miedo por cobardía. La cobardía en sí, puede ser una gran aliada de la mezquindad.

Las crisis, las religiones, las guerras, el hambre. ¿Quién maneja los hilos del miedo que nos hace pender de un hilo, como las marionetas?.




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